Sitio virtual donde se archivan los ensayos periódicos que escribe Álvaro G. Requena, sobre la situación política, social, económica y de salud en Venezuela.

sábado, 5 de agosto de 2006

Candidatos tibios

(Artículo de opinión que fue publicado el día 4 de agosto de 2006 en la página A-9 del diario El Nacional)

No me gustan los actuales candidatos a las elecciones presidenciales, ni los que van a las primarias, ni los que no van. Tampoco me gusta el del gobierno. La sensación que dejan en sus discursos y planteamientos es poco estimulante. Es obvio, para el oído entrenado en política vernácula, que están bailando el santo, de aquí para allá y de allá para acá. Dicen cosas que suenan pero que no tienen mucho peso específico y cuando dicen las cosas que uno quiere oír, escuchan los aplausos y no siguen el hilo, no deshacen la madeja, lo dejan todo sonoramente enmarañado. A ese enmarañamiento ha contribuido el dicharachero Conde del Guácharo; dos candidatos en uno, el guachafitero y su álter ego Benjamín. La política es cuestión de humoristas, siempre lo fue y cuando no lo sea, ¡que nos agarren confesados! La democracia exige que quienes se consideren capaces de dirigir el gobierno compitan por el voto de sus conciudadanos. Las condiciones básicas serían: saber qué hacer y desear hacerlo bien. Sólo los candidatos piensan así de sí mismos, los demás no, ni amarrados nos meteríamos en eso y no lo haríamos por falta de lo mismo que, aparentemente, ellos tampoco tienen: visión clara, definida y sólida, de cómo salir de la situación política, económica y social en la que estamos.

Los candidatos están dándole vuelta a los asuntos, criticando y calificando, pero de su parte no vemos una oferta concreta ni una actitud definida y positiva para el cambio. Todos proponen los temas políticos como se hacía antes, desde la primera república, cambios tibios que se presentaban como revoluciones drásticas.

No valoran suficientemente el hecho visible, palpable, sufrible y desesperado, de que lo que estamos viviendo en este país es una verdadera revolución que está invirtiendo, modificando y cambiando todos aquellos valores y premisas que por tantos años nos llenaron de la falsa seguridad de que hacíamos gala y que obviamente, ahora así lo comprendemos, tenía una base de sustentación muy endeble, tanto, que con los votos de un pueblo embelecado y las manipulaciones del gobierno, se ha logrado lo que en otros sitios del planeta sólo se habría conseguido a punta de cadáveres frente a un paredón.

Debemos hacer algo para que nuestros valientes candidatos se lancen a decir y plantear los términos de la revolución verdadera, la que sí estaría basada en los derechos y necesidades del individuo y la sociedad, que sea económicamente factible, socialmente atractiva, políticamente comprometida y respetuosa de las ideas y posiciones adoptadas por cada quien. En la que el derecho al trabajo, la salud, la educación, la información y otros beneficios sociales como la jubilación, el paro forzoso, la vivienda y la propiedad privada, así como el respeto por las creencias y las ideas, constituyan la base de la nación y sean el motor del estado venezolano.

Chávez no necesita hacer campaña, él está en campaña electoral todo el tiempo. Siempre está buscando algo y consiguiéndolo. Hasta ahora no pierde una y si la medio pierde, la empata y al final la gana, con el derecho que le da ser autoridad. Prestigio como autoridad le sobra. Abusa hasta del poder que no tiene, y por todos lados encuentran él y sus colaboradores, deficiencias, agujeros, resquicios o cuestiones inconclusas o mal hechas, que les sirven para seguir introduciendo de forma aplastante su revolución populista.

Tenemos que llamarnos a capítulo, no necesitamos un candidato que de presidente vuelva las cosas a donde se quedaron, tampoco que eche por la borda lo que hay, necesitamos quien nos diga que sí, que hace falta una revolución en la que quepamos todos. Concreto, decidido, que no hable tanta paja, que diga y haga, que consulte y respete a los individuos y a la sociedad, que crea que todos somos competentes para vivir nuestras vidas y ayudar a otros a hacerlo en comunidad. Que estimule los gobiernos regionales y municipales, que crea en el pueblo y luche por sus necesidades.

Quisiera que los candidatos fuesen vistos públicamente como personas decididas, cautivadoras y
generadoras de confianza, esperanza y alegría. Que hablen con la pasión y el convencimiento que uno espera de quien va a ser capaz de hacer lo que sabe que hay que hacer. Que se desenfoquen de Chávez y su gobierno. Que no lo tomen más en cuenta, que nos tomen en cuenta a nosotros y que, contra viento y marea, fraude y saboteo, sean nuestro otro yo electoral.

Los candidatos, por el momento, están tibios. Están como el guarapo, entre fuerte y dulce.

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