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Sitio virtual donde se archivan los ensayos periódicos que escribe Álvaro G. Requena, sobre la situación política, social, económica y de salud en Venezuela.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Reflexión de Navidad


(Artículo de opinión publicado en el diario El Nacional (http://www.el-nacional.com/alvaro_requena/Reflexion-Navidad_0_539946163.html), el viernes 19 de diciembre de 2014)
Pronto celebraremos con pía y espiritual alegría el aniversario del Nacimiento de Jesús de Nazaret. Casi siempre ha sido una fecha para amalgamar la alegría espiritual con el jolgorio festivo, derivándo en parrandas bonitas, musicales, vistosas, ruidosas y concurridas. Desde las comilonas hasta los bailes y las patinatas, pasando por las misas de Noche Buena y de Gallos, solíamos pasar la noche en una rumba entretenida y feliz que terminaba en desayuno y, a veces, se continuaba con almuerzos familiares y hasta con baños de mar o río. Siempre alegres, convivales y esperanzados, pues eso, en definitiva, es lo que significa la Navidad: esperanza y alegría de vivir.
Bien, pues parece que este año no es esa la atmósfera que se respira en el país. La parte espiritual de nuestra celebración se mantiene, pero la juerga que la acompañaba no se aprecia.
Algunas de nuestras costumbres serán postergadas hasta tiempos mejores. Los “estrenos”, por ejemplo, no van a ser posibles para muchos venezolanos. ¿Con qué comprarán ropa nueva? Y si tienen el dinero, no hay mucha variedad para escoger. ¿Y para brindar? Bebidas a precios impagables. Hacer los tradicionales ponches de crema, es casi imposible, no hay leche ni azúcar. Tomaremos guarapita para rendir el ron, pues algunos destilados todavía son asequibles. Comeremos hallacas, de una carne o dos, pero no de tres, con pocas pasitas y no llevarán almendras. La ensalada será de pollo y el dulce de lechosa, sólo si se consigue papelón o azúcar y lo serviremos sin queso.
Pero, quizá, lo más deprimente sea sentir que estamos aguantando una situación que todos vemos como insostenible y que el gobierno pretende hacérnosla ver como normal, corriente y sin mayor importancia, cuando nuestros sentidos nos indican, por ejemplo, que los argumentos para mantener a los presos políticos en la cárcel, son espurios, injustos y sólo obedecen al odio clasista, al revanchismo social y a la incapacidad de oponer ideas y principios humanitarios y socialmente aceptables a las demandas de nuestros líderes de la oposición –todos ellos– y en concreto a María Corina Machado y a Leopoldo López.
Soy opositor y como tal puedo decir, responsablemente, que jamás me sentí incentivado a la lucha cruenta y descarnada por el poder que el gobierno dice que esos líderes de la oposición fomentaron entre los opositores y mucho menos motivado a planear o actuar activamente en el derrocamiento o el asesinato de algún personaje oficialista.
No entiendo de donde sacó el ejecutivo esas teorías paranoides de golpes de estado, magnicidios y fomento de rebelión. Es obvio que no me van a llamar de testigo a decir mi verdad. Seguirán suponiendo, inventando, postergando y maltratando a nuestros líderes, que algún día saldrán y ahí estaremos y con nosotros sus ideas, determinación, sentido de justicia y energía inagotable. ¡Esa si será una Navidad con todos los hierros, como debe ser!

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